
La Independencia, según el diccionario de la Lengua Española, es la condición del territorio que no depende políticamente de otro. El concepto de independencia política está determinado, según el propio Diccionario, por la capacidad de un Estado para ejercer su libertad política, económica y administrativa sin depender de otros Estados o instituciones formales. Independencia viene del latín independere, que significa “no estar bajo la voluntad de otros”.
A partir de estas simples definiciones preguntamos: ¿Acaso puede alguien afirmar que lo ocurrido en Cuba el 20 de mayo del año 1902 fue la proclamación de independencia de la Mayor de las Antillas o simplemente el nacimiento de una nación que nació con las alas rotas?
La historia no miente, está ahí lista para que revisionistas y anexionistas hurguen en sus páginas, contrasten fuentes y, aunque les duela, constaten que celebrar el nacimiento neocolonial de Cuba es un ultraje a la Patria, con independencia de modos de actuar y pensar.
Es difícil aceptar que una convención constituyente, que opere bajo la bota de la ocupación extranjera, pueda tener el grado de libertad necesario para expresar la voluntad de su pueblo. Quienes lo duden sepan que el propio gobierno norteamericano se encargó de hacerles ver a esos constituyentes sus ataduras al imperio cuando se negó a aceptar la Constitución de 1901 sin la inclusión de la Enmienda Platt que, más que un apéndice, era una bofetada a la soberanía de la Isla.
¿Cómo podría entonces un gobernante Cubano dirigir la nación con esa Enmienda que, como espada de Damocles, pendía del cuello de los intereses nacionales? ¿Puede ser soberano un país obligado a adoptar una legislación que restringió la soberanía, cedió territorios claves y le impuso leoninos contratos?
El gobierno nacido el 20 de mayo del año 1902 jamás respondió a los intereses nacionales y traicionó los postulados de los principales libertadores de las gestas de 1868-95. Ese día, de manera oficial, salíamos del tutelaje español para caer en otro aún más opresor y sangriento: el norteamericano.
¿Acaso el asesinato de líderes sociales y obreros; el pandillismo, la corrupción administrativa- males característicos de los desgobiernos de la pseudorepública- hacen a alguien presumir que son características de una nación libre?
Si partimos del concepto inicial, plasmado en un texto educativo que nada tiene que ver con la
Revolución cubana ni con el Marxismo, de que una nación es independiente cuando no depende de otro ¿dónde queda la dependencia que el gobierno de Estados Unidos le impuso a los legisladores cubanos? ¿Cómo puede ser libre un país que en su constitución acepta la potestad de un poderoso vecino para intervenir con sus soldados cuando lo estime pertinente o simplemente apoderarse de parte de su territorio indefinidamente?
Vende patrias, trasnochados y traidores han existido siempre en todas las sociedad y Cuba no es la excepción, sin embargo hasta la ignominia tiene un tope y allí donde la desvergüenza puja por arrancarle migajas al imperio, también hay un pueblo amante de su historia que no está dispuesto a celebrar el despojo de sus conquistas ni a permitir que nadie venga a negociar sus sueños.
La verdadera Independencia de la Isla bajó de la Sierra Maestra un Primero de Enero con un ejército de barbudos que, armado de ideales libertarios, se liberó del ropaje neocolonial, lanzó al estercolero de la historia los leoninos contratos y puso fin a la intromisión yanqui en los asuntos internos de la nación. A partir de ese instante Cuba fue libre. En consecuencia esa es la fecha a festejar.



















