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26 de julio, Matanzas
Mario Muñoz Monroy fue un adelantado a su tiempo. Foto: Tomada de Internet

Por: Jessica Acevedo Alfonso, Fiscalía Provincial de Matanzas

Antes de convertirse en mártir luego de su participación en el Asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, ya el doctor Mario Muñoz Monroy era reconocido en su natal Colón, Matanzas. En la primera mitad del siglo XX no cualquiera se graduaba de Medicina en un pueblecito del interior del país y fungía como médico, sin importar la remuneración que pudiera percibir.

Mucho menos era común que incursionara en la radiodifusión vinculándose a la CMGI La voz de la Casa Grande, primera emisora radial que existiera en ese territorio, como locutor y también como solista interpretando algunas canciones de la época. Luego sus conocimientos del medio lo llevaron a construir una planta de onda corta y fue uno de los pioneros en enviar el primer reporte de la señal CMQ-TV durante las pruebas para instaurar la televisión en Cuba.

Aún más raro resultaba que fuera capaz de pilotear una avioneta tras recibir algunas clases que lo formaron como piloto y le permitieron crear, junto a su padre Marceliano Muñoz, el Patronato del Aeropuerto de Colón para la construcción, regulación y mantenimiento de una terminal aérea en las cercanías de este territorio.

Sin embargo, cuando se habla del doctor Mario Muñoz Monroy resulta imposible no pensar en el médico del Moncada, porque fue en el histórico asalto que pretendía desencadenar la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista donde perdió la vida precisamente el día en que cumplía 41 años.

Recoge la historia que Fidel depositó una confianza extraordinaria en él. Al punto de que visitara su casa el propio 25 de julio de 1953 cuando recorría la Isla en su tránsito hacia Santiago de Cuba para liderar la acción rebelde. De la conversación que sostuvieron poco se sabe, pues la clandestinidad exigía suma discreción.

Según narra el periodista Tony Caballero Vidal en su artículo Los dos 26 de Mario Muñoz, días antes de que partiera para la ciudad oriental se le veía agitado y con frecuencia manifestaba: “A Batista no se tumba con elecciones, sino con las armas”. De ello tenía toda la certeza.

Y porque sabía que el deber lo llamaba, desde el 23 de julio puso todos sus asuntos personales en orden: saldó sus deudas con el banco; visitó dos veces a su amigo Bartolomé Soler y le pidió que si algo le sucedía velara por su esposa y sus hijas.

El 25 partió hacia Santiago en su automóvil y antes de llegar a Placetas recogió a Julio Reyes Cairo y fue recibido por Abel Santamaría a su llegada a la ciudad héroe.

Sobre los sucesos del 26 de julio y refiriéndose a Mario Muñoz Monroy, Fidel diría en su alegato de autodefensa La historia me absolverá: “El primer prisionero asesinado fue nuestro médico, el doctor Mario Muñoz, que no llevaba armas ni uniforme y vestía su bata de galeno, un hombre generoso y competente que hubiera atendido con la misma devoción tanto al adversario como a su amigo herido. En el camino del Hospital Civil al Cuartel le dieron un tiro por la espalda y allí lo dejaron tendido boca abajo en un charco de sangre”.

Su muerte provocó un profundo dolor en la ciudad de Colón, pues sus cualidades de médico servicial y humanitario dejaron un gran vacío en pacientes y amigos. Cada 26 de julio se le recuerda en este terruño matancero, única fecha para rendirle homenaje de natalicio y muerte.

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