Autor
Yudith Moreno Castro, Comunicadora de la Fiscalía Municipal Isla de la Juventud
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José Martí
José Martí

Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo.”

(Fidel Castro.1973)

Para los cubanos el mes de enero tiene una significación muy diferente. No solo marca el inicio de un nuevo año, de proyectos diferentes o de metas por cumplir, es también el mes en el que hace 63 años cambió el rumbo de la historia y de la vida en Cuba, cuando nuestro máximo líder Fidel Castro llevó a la práctica las ideas de José Martí, nacido el 28 de enero de 1853, quien dedicó los 42 años de su vida a la lucha constante por “los pobres de esta tierra”; el mismo que luego se convertiría en Héroe Nacional de Cuba.

En ocasiones, nos llama la atención cuando un extranjero se interesa por conocer más sobre la vida de nuestro Apóstol. Y es que cuando se busca información sobre Martí, por pequeña que sea, nos damos cuenta que estamos en presencia de un hombre de elevados principios, vocación latinoamericana e internacionalista, recta conducta personal y cualidades humanas que para muchos se consideran insuperables.

De niño, sus ansias de conocimiento parecían no tener límites, y ya en la adolescencia expresó un pensamiento profundo, de precocidad sorprendente, mostrada con tan solo 16 años, cuando Pepe comprendió que “morir por la Patria es vivir al ser condenado a seis años de trabajos forzosos por el delito de infidente, en las canteras de San Lázaro. Es cuando envía a su madre una fotografía donde le escribió en el reverso el aliento del hijo que sufre y le implora que no llore: «Mírame, madre, y por tu amor no llores / si esclavo de mi edad  y mis doctrinas/ tu mártir corazón  llené de espinas / piensa que nacen entre espinas flores».

Los padres de Martí hicieron gestiones desesperadas por sacar a su hijo de aquel infierno, y mediante amigos logran conmutar la pena por la deportación a Isla de Pinos, donde llegó con los ojos dañados por la cal de las canteras. Una llaga infectada en el tobillo por el roce de los grilletes y otra que le lastimaba la ingle, le dejaron secuelas que padeció a lo largo de toda su vida y que influyeron en su salud quebrantada. «Martí era un cubano a prueba de grillete porque lo había sentido en su carne cuando apenas tenía bigotes», así expresó otro hombre grande, Máximo Gómez.

Luego vinieron los viajes por América, decisivos en la consolidación de sus conocimientos y en la formación integral del pensamiento latinoamericanista; México, Guatemala, Venezuela, Estados Unidos, en los que ejerció como profesor, traductor, abogado, escritor, diplomático y le permitieron conocer a destacados intelectuales, poetas, críticos y periodistas. Pero sin duda alguna su labor más importante fue la de unir a los cubanos de afuera para organizar la Guerra Necesaria. Para ello realizó una fuerte actividad de propaganda unida a una profunda valoración de lo ocurrido en la pasada contienda, anunciando una nueva etapa revolucionaria; de esa forma logró hacer vibrar la conciencia de quienes no aceptaron una paz sin independencia.

En Santo Domingo, firma junto al Generalísimo, el Manifiesto de Montecristi, documento que sería en definitiva el programa de la guerra y donde tuvo mucho cuidado al plantear y advertir “… que la guerra no era contra el español, sino contra el sistema y el gobierno colonial… “. Días después, sale hacia Cuba para demostrar que no solo era el hombre que arengaba, sino que era capaz de dar la vida por sus principios. Razones que lo llevaron a salir al combate porque quiso sentirse hombre, como él mismo había expresado a su arribo a tierra cubana. No quería sentirse avergonzado y arrastrando la cadena de la Patria toda su vida, máxima que le costó su preciada existencia, la misma que lo convirtió en un cubano de proyección universal que rebasó las fronteras de la época en que vivió, para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del siglo XIX, en un Martí más grande.

Nadie como él en su época conocía con tanta precisión las funestas consecuencias de los acuerdos monetarios que Estados Unidos trataba de imponer a los países latinoamericanos”

(Fidel Castro. 2008)

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