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Por Enrique Valdés

Hace hoy 114 años cayó asesinado el General del Ejército Libertador José Quintino Bandera Betancourt, o simplemente Quintín Banderas como es recordado.

Aquel 22 de agosto de 1906 fue uno de los días más tristes de la historia patria pues marchó hacia la eternidad del martirologio cubano un gran hombre.

También ese día se hundió más en el estercolero Tomás Estrada Palma un presidente impuesto por las botas yanquis y la Enmienda Platt y traidor a los principios del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí para dirigir la etapa insurreccional iniciada en 1895.

Bandera Betancourt dedicó su vida a la independencia de Cuba. Apoyó a Narciso López cuando muchos patriotas cubanos consideraron su movimiento como libertario y no un complot anexionista como era su propósito.

La manigua insurrecta lo encontró con su poderosa carga al machete en la guerra de los Diez Años donde en poco menos de siete años su valor y arrojo en decenas de batallas lo llevaron a formar parte de las huestes del Generalísimo Máximo Gómez con los grados de Comandante.

Con el grado de Teniente Coronel acompañó a Antonio Maceo en la histórica Protesta de Baraguá; secundó el grito de independencia en 1895 y en el campo de batalla hizo temblar en diversas ocasiones a las tropas españolas.

Como la vida de los hombres no puede verse en blanco y negro sin los matices que la adornan, Quintín Banderas era dueño de un espíritu rebelde el cual originó que en dos ocasiones Maceo lo destituyera del mando y le retirara los bien ganados grados militares.

Sin embargo y es justo reconocerlo, en dos ocasiones también por su extrema valentía y arrojo el propio Titán de Bronce le restituyó el mando y los grados.

Tiempo después el general Máximo Gómez lo sometió a Consejo de Guerra por desobediencia y en consecuencia perdió definitivamente el mando de sus hombres aunque en reconocimiento a sus extraordinarios aportes a la independencia de Cuba le permitieron conservar sus grados de General de División.

De esa manera con solo sus dos ayudantes y una escolta de 12 soldados continuó su incansable batallar hasta el fin de la guerra.

Dicen que la historia de los conflictos bélicos la escriben los vencedores y quizás en este caso fue así porque el valiente oficial mambí solo obtuvo del entonces presidente Estrada Palma la oferta de cinco pesos como regalo tras un petición de trabajo, denigrante acción que por supuesto fue enérgicamente denegada.

Estrada Palma fue reelegido en la presidencia de manera fraudulenta y un grupo de hombres se levantó en armas en la llamada Guerrita de Agosto. Quintín Banderas, con 75 años de edad volvió a blandir el machete.

Fracasado el levantamiento se escondió en la finca de Manuel Silveira a quien le solicitó que gestionara un salvoconducto con Estrada Palma, pero el fraudulento presidente decidió dar un escarmiento y ordenó su asesinato.

Hombres al mando del capitán Delgado le dispararon a sangre fría y después lo machetearon horriblemente.

La noticia de su muerte fue recibida con alegría en el palacio Presidencial, mientras personeros del gobierno comentaron: Ese no pasa más trochas- narró el periodista Ciro Bianchi en un trabajo recientemente publicado.

Fue enterrado sin honores, conducido su cadáver en un carromato destinado a la carga y venta de carbón. De esa manera el General de División Quintín Bandera, héroe de tres guerras de independencia no llevó su ataúd cubierto como correspondía con la insignia nacional ni la escolta acorde a su grado militar.

Sin embargo la historia se encargó de hacer justicia. Hoy Quintín Bandera se le recuerda como el patriota mambí que dedicó su vida a la independencia; mientras que la figura de Estrada Palma yace oculta en el más abyecto lodo como un traidor de los principios patrios.

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