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Lic. Miguel Angel García Alzugaray

Este 27 de agosto se cumplen 30 años de la memorable inauguración en el Palacio de Convenciones de La Habana del Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente. Su celebración constituyó una gran victoria para nuestra Patria, ya que a pesar de las constantes presiones y amenazas del imperialismo yanqui para sabotear e impedir su realización, éste se llevó a cabo con la mayor calidad y resonancia, aprobándose en el mismo, importantes documentos rectores de la actividad. 

En particular, el discurso de apertura pronunciado por nuestro invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el propio 27 de agosto de 1990 ante el plenario del Encuentro,      fue un suceso de especial relevancia para todos los que tuvimos el privilegio de participar en el mismo, ya que sus pronunciamientos sobre los temas a tratar, impactaron a los presentes por su profundidad y visión de futuro.

Es de señalar que el Congreso de La Habana se celebró en un momento en que se reconocía que la delincuencia, con sus dimensiones internacionales, iba en alarmante aumento. Al respecto, Fidel subrayó en su precitada intervención: 

“Nuestro país ostenta la privilegiada situación de estar prácticamente libre de muchas de las formas más complejas y agravadas del delito contemporáneo”.

“No encontrarán ustedes en Cuba forma alguna de crimen organizado, ni el clima generalizado de violencia que caracteriza a la gran mayoría de las sociedades actuales, y que tanta preocupación causa con toda razón a quienes siguen de cerca la evolución de estos fenómenos. No verán en las calles de nuestras ciudades niños abandonados, ni observarán las situaciones extremas de miseria y desamparo que se aprecian incluso en las opulentas capitales de muchas potencias desarrolladas”.

 “Verán, en cambio, un pueblo saludable, trabajador y solidario. Todo ello, en definitiva, es parte de una gigantesca obra social de la que los cubanos tenemos obvias razones para sentirnos satisfechos”.

Bajo la dirección de Margaret Joan Anstee, Secretaria General del Congreso y el compañero Juan Escalona Reguera, en su calidad de Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Comité Organizador Nacional, las sesiones de trabajo de este foro se llevaron a cabo exitosamente hasta el 7 de septiembre de 1990, con la participación de las delegaciones oficiales de 127 gobiernos y 46 ONG. En total, 1.127 participantes. Además de los representantes de los medios nacionales de comunicación, decenas de periodistas y reporteros de los principales diarios y agencias informativas del planeta dieron amplia cobertura al trascendental acontecimiento.

Es necesario destacar que el mencionado Comité Organizador Nacional del Congreso,desde la etapa en que el compañero Escalona era Ministro de Justicia, desplegó con más de dos año de antelación un tesonero esfuerzo en favor de la creación de condiciones verdaderamente óptimas para el desarrollo de su trabajo. Integrado por representantes y expertos de la totalidad de los órganos del Estado, organismos y organizaciones sociales vinculadas al Derecho, dicho Comité elaboró un minucioso plan de medidas para asegurar los diferentes aspectos de su materialización práctica. 

En lo que a ello respecta, a la Fiscalía General de la República le correspondió la responsabilidad de asumir las tareas de la Comisión Científico–Técnica encargada de analizar y dictaminar los diferentes proyectos de documentos del Congreso, así como preparar lineamientos y materiales de consulta y trabajo que serían utilizados por los miembros de la delegación oficial cubana.

La referida comisión, dirigida por el entonces Fiscal General, compañero Ramón de la Cruz Ochoa, estaba integrada por los jefes de las Direcciones especializadas y el Departamento Independiente de Relaciones Internacionales de nuestro Órgano, así como un pequeño grupo de jueces del Tribunal Supremo Popular, especialistas del Minint, el Minjus, profesores universitarios y fiscales que actuaban como expertos sobre cuestiones puntuales. Con posterioridad, los miembros de esta comisión, pasaron a formar parte de la delegación oficial cubana que participó en el evento.     

En cuanto al trabajo de los órganos de enfrentamiento al delito de nuestro país el máximo líder de la Revolución cubana destacó:

“Cuba les brinda también su experiencia práctica concreta en materia de justicia penal, que espero tengan ustedes ocasión de conocer. Me refiero específicamente a la experiencia en temas tales como el enfoque del delito como fenómeno en el que intervienen profundas causas sociales, el énfasis en la prevención más que en la represión de las conductas delictivas, las garantías procesales, el papel de las masas en la prevención del delito y el tratamiento del delincuente, y las experiencias en el empleo de las sanciones alternativas a la privación de libertad.

Nuestro trabajo en la lucha contra el delito descansa en la prevención, en el conocimiento temprano de las actitudes predelictivas, en el esfuerzo concentrado en la solución de dichas actitudes mediante la atención diferenciada de cada caso. Damos prioridad en nuestro sistema penitenciario a la rehabilitación del sancionado, posibilitando su incorporación al trabajo en las mismas condiciones salariales de cualquier otro individuo por un trabajo similar, a fin de que pueda ofrecer a su familia la atención y la ayuda necesarias, y facilitándoles posteriormente su reinserción social”.

“Nadie duda hoy día que entre los principales factores que generan conductas delictivas se cuentan la miseria, la marginación, el hambre, la incultura, la carencia de oportunidades y demás rasgos que tipifican en lo social el subdesarrollo, la pobreza y la discriminación. Siempre hemos estado convencidos de que, en nuestros países más pobres, la lucha contra el delito pasa por la lucha contra el subdesarrollo y la explotación.

A estas circunstancias habría que añadir aquellos factores externos que agravan la situación. El abismo de la desigualdad entre los niveles de desarrollo de los países industrializados y los subdesarrollados económicamente continúa profundizándose. La deuda externa se ha convertido actualmente en el principal obstáculo para el desarrollo, el más importante instrumento para el saqueo financiero y la más moderna forma de dependencia neocolonial para los países subdesarrollados. Se agrava el intercambio desigual y se profundiza el proteccionismo. Se reducen de manera drástica los flujos financieros externos para el desarrollo.

La cruda realidad es que hoy en el mundo subdesarrollado hay más hambrientos, más enfermos, más pobres, más desempleados, más ignorantes, más seres humanos carentes de esperanza. He ahí el caldo de cultivo más propicio del delito, en cuya prevención, además, poco podrán avanzar los países que, ahogados por la deuda y la inequidad del orden económico internacional, carecen de recursos para ello”.

“Me pregunto, señores delegados, si el marco actual de relaciones económicas internacionales, a los efectos de los países del Tercer Mundo, no conforma en sí mismo un conjunto definido de figuras delictivas: usura, extorsión, fraude y quién sabe cuántas más. Por eso, la lucha contra el delito, en este plano, pasa también por la lucha en favor de un orden económico internacional más justo.

Al respecto, es oportuno recordar que el Congreso aprobó normas sobre los asuntos siguientes:

• Los Principios básicos para el tratamiento de los reclusos

• Las Directrices de las Naciones Unidas para la Prevención de la Delincuencia Juvenil

• Las Reglas de las Naciones Unidas para la

protección de los menores privados de libertad

• Los Principios básicos sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley

• Las Directrices de las Naciones Unidas sobre la función de los fiscales

• Los Principios básicos sobre la función de los abogados

• Las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para las medidas no privativas de la libertad

Además, el Congreso aprobó los instrumentos siguientes:

• El Tratado modelo de extradición

• El Tratado modelo de asistencia recíproca en asuntos penales

• El Tratado modelo sobre la remisión del proceso en materia penal

• El Tratado modelo sobre el traspaso de la vigilancia de los delincuentes bajo condena condicional o en libertad condicional

El Congreso recomendó que se investigara la estructura de la delincuencia organizada y se evaluaran las contramedidas en vigor, así como que se intensificara la cooperación internacional contra el terrorismo.

El Congreso de La Habana recomendó que se celebrara una cumbre en París en 1991, que condujera a la creación de una comisión intergubernamental de prevención del delito y justicia penal como principal órgano normativo de las Naciones Unidas.

Al referirse en su discurso  a los temas que se debatirían durante el Congreso  Fidel subrayó:

Ciertamente, como se expresa en todos los documentos preparatorios de este Congreso, estamos en presencia de un acelerado proceso de internacionalización del delito, y es muy loable la intención de empezar a dar una respuesta a este fenómeno singular de nuestro tiempo. Pero lo que cada vez resulta más evidente es la necesidad de enfrentar no solo las formas más usuales del delito transnacionalizado, como pueden ser los delitos económicos, el narcotráfico, el terrorismo o los delitos contra el medio: todo análisis al respecto debe incluir necesariamente las acciones de quienes actúan o pretenden actuar con absoluto desconocimiento de las normas consagradas por el derecho internacional —tales como la no intervención— o con el absurdo y peligroso expediente de la extraterritorialidad de las legislaciones internas de un Estado.

La dramática realidad de nuestros días es que ningún pueblo pequeño se siente hoy seguro mientras a los poderosos se les reconozca de hecho la facultad de dictar y hacer a su antojo o conveniencia. Esa es también una forma de delito internacional —la más grave y peligrosa para toda la humanidad—, y no puede ser ignorada en análisis alguno sobre este tema que se pretenda llevar a cabo con un mínimo de objetividad. En este sentido, el mayor alcance y significado de la cooperación internacional estará dado por las acciones concretas que en conjunto pueda tomar la comunidad internacional ante estas manifestaciones de arbitraria y criminal violencia en la conducta internacional”.

“El auge del delito transnacional nos preocupa a todos en la misma medida en que observamos cómo se extiende aceleradamente, se diversifica y se complica en virtud del desarrollo tecnológico; cómo se institucionaliza a través del surgimiento de organizaciones supranacionales prácticamente omnipotentes, provistas de colosales recursos financieros y logísticos; cómo se apoya en procedimientos de corrupción, penetración, violencia y terror que tratan de socavar la estabilidad interna y la voluntad de resistencia de los Estados. Sin duda, de todas las formas de la delincuencia transnacional organizada que enfrenta la comunidad internacional en nuestros días, ninguna alcanza la magnitud y extensión, el volumen de recursos y el costo en términos sociales y humanos, que el narcotráfico”.

“Quisiera afirmarles inequívocamente que Cuba es uno de los países del mundo más limpios de droga. En nuestro país ese desastroso fenómeno no constituye un problema para la sociedad. Las leyes vigentes sancionan con severidad toda actividad relacionada con el tráfico internacional de drogas, y estamos considerando la posibilidad de poner en vigor leyes aún más severas. En aquellos casos en que han sido detectadas actividades de este tipo, se ha actuado con la mayor firmeza. Por otro lado, el número de hechos relacionados con la tenencia y el consumo de drogas es insignificante.

Como podrán observar, difícilmente exista en el mundo un país menos atractivo que el nuestro para el narcotráfico internacional. Aprovecho la ocasión para reiterar la total disposición de Cuba a colaborar en cuanto esfuerzo serio y coherente se emprenda en la lucha contra el narcotráfico, a partir del respeto a la soberanía de los Estados y de la cabal comprensión de que el problema no se resuelve solamente —ni aun principalmente— con medidas aplicadas en los centros productores, sino que la responsabilidad fundamental reside en los grandes focos del consumo de la droga”.

“Otro de los temas que serán considerados en esta reunión, el que se refiere a la delincuencia juvenil, tiene también una importancia excepcional a nuestro juicio. Son los jóvenes el sector más vulnerable ante la creciente espiral del delito en nuestros días. En aquellos países donde la delincuencia, en su forma más organizada y violenta, se amplía de manera creciente a diferentes esferas de la sociedad, los jóvenes constituyen el instrumento fundamental para la extensión de esas actividades y la materia prima de la cual se nutren y desarrollan las organizaciones criminales.

En los países desarrollados, inciden decisivamente en esta situación los factores sociales, económicos e incluso racionales que hacen posible que dentro de esas sociedades a veces opulentas, grupos importantes de la población vivan en la marginalidad, la pobreza, la incultura, el desempleo, la discriminación. Ello explica el elevado índice del delito violento en las capitales y grandes ciudades de países altamente desarrollados. Contribuye a explicar también que el fenómeno del homicidio entre los jóvenes de 15 a 24 años, por su magnitud y gravedad, sea denominado por algunos como la "epidemia de la muerte" y sea considerado un grave problema de salud. Es indudable que mientras existan esas enormes diferencias en las condiciones sociales, económicas y culturales dentro de la sociedad, la delincuencia entre los jóvenes será muy difícil de resolver. Solo la creación de oportunidades para la educación en un clima de igualdad y participación, el acceso al trabajo, a la cultura, de los jóvenes de las capas más pobres de la población, junto a la represión y control de las organizaciones delictivas, principalmente las dedicadas al comercio y consumo de la droga, hará posible en esos países la solución de este gravísimo problema.

En los países del Tercer Mundo, la participación de los jóvenes en actividades delictivas tiene otras características. Aquí también la pobreza y la falta de oportunidades, la escasez de posibilidades sociales, generan tensiones y coadyuvan a determinar la comisión de delitos. Pero no se trata, en la mayoría de los casos, de la participación en organizaciones criminales promotores de las formas más graves de delitos violentos y drogas. En estas condiciones, los factores socioeconómicos, la apertura de oportunidades para el estudio y su calificación técnica, la seguridad de un puesto de trabajo, constituyen el más formidable apoyo en la gran batalla por la prevención de la delincuencia juvenil y la protección de los jóvenes.

En Cuba, como seguramente conocerán en el curso de los debates, el índice de comisión de delitos por parte de menores es sumamente bajo. Esto responde, por una parte, a que el papel fundamental en la prevención de las conductas delictivas lo desarrolla la sociedad en su conjunto, pero sobre todo, de manera determinante, a las enormes oportunidades y posibilidades creadas para el estudio y la calificación de todos los menores, a la efectiva igualdad de oportunidades y la atención excepcionalmente prioritaria que se ha ofrecido en el país a los jóvenes y niños”.

Para concluir, deseamos destacar que la celebración en La Habana del Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, contribuyó a incrementar el prestigio internacional de nuestro país, a la vez que sirvió de marco para un fructífero intercambio de experiencias sobre los asuntos analizados, reafirmando la permanente disposición del Estado cubano de cooperar para lograr los fines de los acuerdos adoptados durante el evento. 

En ese sentido, como expresara Fidel: “Cuba está dispuesta a colaborar con toda energía en el noble empeño que se han trazado las Naciones Unidas en materia de prevención del delito y tratamiento del delincuente, pues estamos convencidos de la importancia de ese trabajo y de la necesidad de esa cooperación. Por eso es de lamentar que aún haya quienes no interpreten así esa necesidad, y la supediten a mezquinas consideraciones políticas. Nos satisface comprobar que todo nuestro esfuerzo en materia de ordenamiento jurídico e institucional, en lo que se refiere a la prevención del delito y el tratamiento al delincuente, ha sido coherente con los postulados y las aspiraciones de estos congresos y de los demás órganos de las Naciones Unidas especializados en estas cuestiones”.

Transcurridas tres décadas de este histórico foro, resulta evidente que las acertadas reflexiones de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz durante la apertura del Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, tienen plena vigencia.

Nada de extraño hay en ello, pues las ideas de Fidel, al igual que su imperecedera obra, ¡están bien vivas y presentes entre nosotros!.

Sumemoria como digno defensor del amor a la Patria, la ética, el humanismo, la justicia y la moral, será siempre una guía permanente para nuestro pueblo y en particular, para la Fiscalía General de la República.

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