Autor
Enrique Valdés, especialista de la Dirección de Comunicación Institucional
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En este artículo:
Cuba, Fiscalía, José Martí, Apóstol, unidad, el más universal de los cubanos, Héroe Nacional
Martí

El 19 de mayo de 1895 la Patria vestida de luto lloró la irreparable pérdida de uno de sus más ilustres hijos: José Julián Martí Pérez. Dicen que ese día el sol fue más intenso porque marcó la partida del Apóstol de la Independencia hacia un sitio privilegiado de la inmortalidad, de cara al astro rey, como siempre quiso. 

Allí, en el sitio conocido por Dos Ríos, apenas tres meses después de iniciada la gesta del 24 de febrero, balas españolas se llevaron la vida de uno de sus principales líderes. Y eso, sin dudas, constituyó un duro golpe para las huestes mambisas. 

Mucho se habla sobre cuál hubiera sido el curso de la guerra sin ese fatídico día, pero lo cierto es que el hombre que vivió en el monstruo y conoció sus entrañas y pretendía impedir con la independencia de Cuba que Estados Unidos cayera con esa fuerza más sobre los pueblos de América, jamás hubiera apoyado que tropas norteamericanas intervinieran en el conflicto, máxime cuando la derrota militar de España ya era inminente. 

Con la caída en combate de Martí Cuba perdió al líder genuino de la guerra del año 1895, al hombre que limó las fisuras que lastraron la Guerra de los Diez Años y unió la experiencia de los veteranos de pasadas contiendas con la sangre joven que hervía ante la ignomia del coloniaje.

 Dos Ríos se llevó de golpe al fundador del Partido Revolucionario Cubano, concebido para dirigir la lucha armada, también al hombre capaz de dotarla de un programa integrador como el del Manifiesto de Montecristi, firmado en Santo Domingo con Máximo Gómez poco antes de partir hacia la Isla; al brillante pensador que en pos de esa necesaria unión reconoció que el alzamiento no involucraba al pueblo español sino a su gobierno y ejército y cien años después, al ideólogo del asalto al cuartel Moncada.

Por ello, al menos en lo personal, no me cabe duda alguna de que con el Héroe de la Independencia vivo todo hubiera sido distinto; que tal vez las indisciplinas, el caudillismo y otros males que reaparecieron fueron fruto de la pérdida del guía incuestionable, del revolucionario cabal que pese a aborrecer la violencia comprendió que para alcanzar la libertad era necesario acudir a la Guerra Necesaria. 

En estos difíciles momentos por los que atraviesa la nación el legado de Martí se mantiene vigente 129 años después. Los mismos objetivos de apoderarse de Cuba que llevaron a Estados Unidos a intervenir en la guerra están intactos. Solo cambian los métodos. 

En su afán de adueñarse de la Isla y tragarse la independencia abonada con la sangre noble de tantos buenos patriotas, los vecinos del norte promueven la desunión y atacan las bases mismas de la Revolución, por lo cual es más necesaria que siempre la unidad a la que Martí convocó y Fidel Castro retomó para concluir su obra. Dos Ríos y sus consecuencias nos lo recuerdan a diario. 

 

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