
A solo seis meses del inicio de la gesta independentista iniciada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre del año 1868, un grupo de patriotas, representativos de los más puros ideales independentistas, se reunieron del 10 al 12 de abril del año 1869 en la localidad de Guáimaro, en la provincia de Camagüey, para darle a la guerra una Constitución.
De aquel importante hito mucho se ha hablado, debatido y escrito. Durante los primeros años del estudio de la Historia de Cuba los educandos dominan los principios y criterios fundamentales enfrentados en la Asamblea Constituyente y hasta opinan, a contrapelo de lo dicho por el maestro, cuál de los postulados defendidos por Ignacio Agramonte y Céspedes podía haber sido más útil para el desarrollo de la contienda.
En mi opinión, después del tan llevado y traído tema, sería factible dejar de lado ese particular porque en esencia cada una de esas posiciones tenía como denominador común la voluntad expresa de los independentistas de encontrar la vía más plausible para alcanzar la unión que les permitiera el triunfo.
Guáimaro fue entonces la primera Constitución de la isla de la cual emanó la organización política que por mayoría acordaron los representantes del proceso revolucionario.
De ella y por mandato constitucional, le tocó a la Cámara de Representantes elegir al presidente de la República en Armas, nombramiento que recayó en el iniciador de la gesta, conocido también por el Padre de la Patria, y declararse en sesión permanente hasta que concluyera la guerra.
Entre Agramonte y Céspedes, es bueno resaltarlo, primó en todo momento los intereses de la Cuba en armas y los sonados triunfos alcanzados a lo largo de la contienda, muchos de ellos tienen la impronta de estos dos grandes patriotas.
Guáimaro pasó a la historia, entre otros muchos aspectos positivos, porque en sus postulados se pronunció por el requisito para elegir y ser elegido, refrendó la condición de hombre libre a todos los habitantes de la República y reconoció el derecho y deber de todo cubano a luchar por la independencia de una patria que nacía de la fusión de la sangre esclava con la del resto de los habitantes de la Isla.
¿Cuánto del espíritu de Guáimaro se mantiene vivo en el sentimiento de la nación ¿Cuán necesaria sigue siendo todavía la unidad para enfrentar a los enemigos de la patria? ¿Cómo olvidar que la desunión fue una de las causas fundamentales de la derrota de la Guerra de los Diez Años?
Las enseñanzas de la Constitución de Guáimaro ayudaron a los cubanos a extirpar los errores. En estos instantes las posiciones encontradas erradicadas fueron y existe solo el propósito de preservar la libertad alcanzada.



















