
Todos saben que no hay nada más importante que los niños y las niñas, pues, como dijera José Martí, ellos son la esperanza del mundo, y la esperanza se cuida para que mantenga su verde intenso.
Los niños de Cuba celebran hoy el Día Internacional de la Infancia con sus derechos básicos garantizados y en una situación inédita debido a la pandemia de la Covid-19.
El Día Internacional de la Infancia fue instituido por acuerdo de la Conferencia Internacional de Defensa de la Niñez, celebrada en Viena, Austria, en 1952.
La realidad de la infancia en Cuba, que adoptó el 1 de junio como día para celebrar la fecha a partir de 1963, es muy diferente a la de otros países donde más de 250 millones de pequeños desde cinco hasta 14 años trabajan extensas jornadas laborales y otros 130 millones no reciben siquiera educación elemental.
Desde que en el año 1963 Cuba decidiera conmemorar el Día internacional del Niño el Primero de Junio, en concordancia con lo acordado por la Asamblea General de la ONU en 1956, esa fecha ha sido motivo de regocijo y de reafirmación de los Derechos consagrados en la Carta Magna a favor de su realización personal.
En materia de Derecho, la Mayor de las Antillas acompaña los esfuerzos internacionales sobre el tema y ha ratificado importantes convenios que garantizan el normal desarrollo de los pequeños entre ellos el relacionado con las peores formas de trabajo infantil, que en estos momentos golpea a buena parte del mundo.
También el 26 de enero de 1990 Cuba firmó la Convención sobre los Derechos del Niño, la cual se proponía metas cumplidas por la isla desde mucho antes y garantizadas sobre bases jurídicas sólidas.
¿Quién no recuerda cómo apenas hace un año esta celebración estuvo repleta de colores, de risa infantil, de sueños compartidos?
Hoy la epidemia del peligroso Coronavirus les cambió la cara a los festejos. El llamado es a quedarse en casa para evitar el contagio, por lo tanto, no habrá parques con actividades festivas, ni matutinos especiales en las escuelas, ni risas colectivas.
Las celebraciones serán desde la casa, desde donde y en pleno goce de sus derechos constitucionales, los niños reciben sus clases por televisión, comparten con su familia, acentúan sus juegos de roles enfocados en la realidad circundante y aplauden cada día a las nueve de la noche porque ya también muchos de ellos comprenden que los receptores de esos aplausos son los mismos que más temprano que tarde les permitirán regresar a su escuela y abrazar a los amiguitos.
Ninguno de ellos, sin embargo, está preocupado por la ausencia al trabajo, porque no tienen que hacerlo, gozan de una infancia llena de magia y sueños y lanzan su imaginación a volar porque en tiempos de aislamiento social solo la mente no tiene las alas cortadas.
Este Primero de Junio será igual a otros y a la vez diferente. Celebramos la alegría propia de los niños con la convicción de que seguirán sanos y no expuestos a los avatares de la COVID-19 si cada uno de nosotros cumple con responsabilidad las medidas adoptadas para vencerla.
Mañana habrá tiempo para lo cotidiano: parques, besos, disfraces, cantos. Mañana todo podría volver a ser hermoso, pero para eso debemos vencer el presente. Nuestros niños lo merecen.






















