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Yudith Moreno Castro, Comunicadora de la Fiscalía Municipal Isla de la Juventud
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Cuba, Fidel Castro Ruz, Presidio Modelo, Isla de Pinos, Justicia, libertad, Moncadistas, La Historia me Absolvera
PRESIDIO MODELO

                                  “Es bueno volver a las raíces, mirar atrás y recordar el pasado” 

                                                                                                                 Fidel Castro

 

Quiso la historia que un pedazo de tierra al sur de Cuba, tuviera una trascendencia perdurable en su acontecer, significado que se reafirma cuando nos percatamos de algunos hechos que han coincidido en el tiempo, ya que un 13 de octubre de 1870 llega José Martí a la entonces Isla de Pinos y un 13 de octubre de 1953 trasladan para el Presidio Modelo al primer grupo de combatientes a cumplir su sanción por haber participado en los sucesos del Moncada

“La escuela del crimen”, como también se le llamó, era una cárcel de carácter nacional construida bajo el cínico propósito de sanear la sociedad de delincuencia, pero no era más que un antro de terror e ignominia. Fidel, como principal encausado, estaba consciente de que más que cumplir una condena, el tirano trataría de sepultarlo allí, como pago a su heroico gesto por la libertad de los cubanos, y aunque fue confinado en celda y pabellón apartes del resto de los moncadistas, el vínculo entre ellos nunca se perdió, como tampoco su figura de líder dentro y fuera de la prisión, ya que siempre encontró la manera de mantener sus orientaciones con el único propósito de que la lucha continuara

Muestra de ello se evidencian en documentos encontrados donde el líder precisó orientaciones tales como “hay que coordinar el trabajo entre la gente nuestra de aquí y la del extranjero”, “no admitir ningún género de subestimación”, “no llegar a ningún acuerdo sino sobre bases firmes, claras de éxito probable y beneficioso para Cuba”, “no desanimarse por nada ni por nadie como hicimos en los más difíciles momentos”, “acepten a todo el que quiera ayudarles; pero recuerden, no confíen en nadie”

Fidel comprendió que era necesario aprovechar el tiempo que estuvieran presos, para ello consideró importante elevar la preparación cultural y la consolidación ideológica de los combatientes. El régimen batistiano no pudo impedir que los moncadistas cumplieran en prisión diversos programas políticos, patrióticos y culturales, que para desarrollarlos, como expresó en una ocasión Jesús Montané, “no les alcanzaba el tiempo” ya que a esa actividad le dedicaban casi cinco horas diarias y cumplían rigurosamente el horario de las clases establecido.

“La Prisión Fecunda”, como le llamaron a esa etapa, tuvo como eje conductor la conformación de la academia ideológica “Abel Santamaría” en recuerdo del compañero caído, creada como forma de preparación para la lucha futura. Situada en el pasillo, en la parte afuera del dormitorio, contó con dos mesas largas, 8 bancos laterales y una pequeña pizarra, donde llegaron a estudiar 11 asignaturas, entre ellas, Gramática, Matemática, Geografía, Historia Universal e Historia de Cuba, Inglés, Economía Política, Filosofía, Oratoria. 

También organizaron una pequeña biblioteca a la que llamaron “Raúl Gómez García”, en homenaje al poeta de la Revolución, asesinado el 26 de Julio. La biblioteca tenía dos estantes de madera y con la ayuda de amigos y familiares la fueron llenando de libros, entre los que predominaban los de José Martí.

Pero no solo era estudiar, Fidel y los jóvenes revolucionarios presos, no perdían oportunidad de manifestarse en contra de la tiranía. Un ejemplo representativo de esto fue lo ocurrido con motivo de la visita de Batista al penal, cuando este pasó cerca del edificio donde se encontraban los moncadistas, todos comenzaron a cantar la Marcha del 26 de Julio, para que el tirano la oyera.  Al oír el canto el tirano sonrió, pensando que era un halago preparado por los guardias del presidio. Pero, al darse cuenta de lo que decía la letra, el rostro se le contrajo, la sonrisa desapareció y se marchó rápidamente. La acción había dado resultado. Ante la audacia de los revolucionarios uno de los guardias del penal gritaba: “¡los mato!, ¡los mato!”

Después de ese hecho, a Fidel lo separaron del resto de sus compañeros. Lo mantuvieron incomunicado, por las noches no tenía luz, tampoco le permitían recibir correspondencia. Pasaron las semanas y Fidel necesitaba comunicarse con sus compañeros, los que al mismo tiempo temían por él. Un día los guardias vieron caer en el patio una pelota de papel, la tomaron sin darle mucha importancia, pero pronto se percataron de que en ella venía un mensaje. Era la letra de Fidel, quien había encontrado la manera de comunicarse con ellos; los patios estaban separados, pero durante el juego era normal que alguna pelota bateada de jonrón, se llevara la cerca. Así, sin que los custodios se dieran cuenta, pudieron intercambiarse mensajes durante un tiempo.

Fidel, con ese carácter inquieto y lleno de deseos de continuar haciendo, percibió de mucha importancia la necesidad de que el pueblo conociera la situación en la que se encontraban los moncadistas prisioneros y lo sucedido el 26 de Julio de 1953. Así, comenzaron a enviar mensajes con sus familiares y amigos. Fidel comenzó a reconstruir con lujo de detalles el texto de su histórico alegato de autodefensa y escribía pequeños fragmentos que escondía en cajas de fósforos, cigarros, tabacos, etc., y cuando algún familiar lo iba a ver se los enviaba a Haydée Santamaría o a Melba Hernández, que ya habían salido de la cárcel. 

También en las cartas a familiares y amistades, entre líneas, escribía con jugo de limón, luego, Haydée y Melba las recogían con cualquier pretexto, las planchaban y los párrafos escritos con zumo de limón se ponían oscuros y se podían leer. Cuando el documento estuvo completo lo imprimieron en secreto, tomaron para su nombre la última frase del alegato: “La historia me absolverá”, y lo distribuyeron clandestinamente por todo el país. De esta manera, con escasos recursos, el pueblo conoció por qué y para qué se había asaltado el Moncada, así como los crímenes cometidos por Batista y sus cómplices.

El 15 de mayo de 1955, derivado de la fuerte presión popular, el régimen de Batista estuvo obligado a decretar una amnistía política, otorgándoles la libertad a los presos por los sucesos del Moncada, incluido el doctor Fidel Castro, el principal enjuiciado por ese hecho.

 

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