
Tan solo 42 años tenía José Martí cuando la muerte arrebató su vida. La universalidad en poco más de cuatro décadas de existencia en el hombre que sumó al verso apasionado el amor a la patria y las ansias de independencia.
Descubrió anticipadamente el peligro que asechaba a la Mayor de las Antillas, la ambición enardecida en el norte cercano y las sobradas razones para disponer lo mejor del pensamiento en una guerra necesaria que pusiera fin al oprobio.
Fue Martí el amigo sincero que cultivó la amistad para toda la vida, sintió desde temprana edad el horror de la esclavitud y en su piel el dolor y la miseria humana que acribilla y mata sin piedad.
Encontró en la palabra escrita y el verbo compartido, la luz para incentivar amor y voluntad, compromiso y conciencia, unidad y principios; así legó a la posteridad un caudal de experiencia y percepciones que llegan a este siglo como lecciones imprescindibles.
Descubro al apóstol, desde la estatura que permiten deducir los oleos que lo muestran de pie, pero más allá de esa mirada y sin ánimo de santificación alguna, lo percibo desde la voz respetuosa y altiva, tierna y vital, serena y decidida, plena de fuerza y razones para luchar por la independencia de Cuba.
Martí dedicó sus fuerzas a la preparación de la Guerra Necesaria del año 1895. Antes, el 14 de marzo de 1892, había fundado el periódico Patria, órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano que creó el 10 de abril de ese año, imprescindibles para la organización y dirección de la lucha insurreccional.
Reveló el carácter generoso y justo de la Guerra Necesaria e inevitable, continuidad de la iniciada en Yara en 1868. En abril de 1895, en Cabo Haitiano, a punto de embarcar con Máximo Gómez y otros compañeros hacia Cuba, redactó una misiva donde orientaba: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento.”
Fue el periodista que tuvo en su pluma la herramienta oficiosa unida al fértil pensamiento dispuestos a la causa mayor a la que consagró cuerpo y alma: la libertad de Cuba; fue quien escribió ayer para hoy y mañana, porque la clarividencia de sus ideas trasciende a través de los siglos.
Llega siempre José Martí, el más universal de los cubanos, para desde su legado insistir en el mejoramiento humano, en la lealtad y el amor a la patria.



















