En defensa de la legalidad

La Tenebrosa Historia de la USAID CONTRA CUBA (Parte I)

Lunes, 3 de Mayo del 2021

Por: Lic.Miguel Angel García Alzugaray

Cerca de 380 millones de dólares dedicaron las administraciones de Estados Unidos en las últimas dos décadas para los programas de subversión contra Cuba. La cifra, distribuida a través de agencias, empresas y organizaciones como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés) y la Fundación Nacional para la Democracia (NED), financia actividades cuyo propósito es el derrocamiento de la Revolución cubana.

Nadie debe asombrarse, EEUU invierte más de 3 mil millones de dólares anualmente en las operaciones supuestamente «humanitarias» en Latinoamérica y el Caribe de su llamada Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), la mayoría de las cuales son en realidad actividades subversivas y de espionaje.

Entre las páginas más repugnantes de la historia del organismo yanqui en América Latina, basta recordar como Dan Anthony Mitrione, instructor norteamericano en técnicas de tortura, se apareció en Uruguay, con credencial de la USAID, a finales de 1970, para adiestrar a policías, en un programa secreto de destrucción de las fuerzas de izquierda en toda América Latina. No es la única “hazaña de la criminal agencia”, pues en la práctica no ha habido golpe de estado o medida subversiva en la región durante los últimos 50 años en que sus sucias garras no hayan estado presentes. Argentina, Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Ecuador, Honduras, Guatemala, Panamá, Paraguay, Nicaragua y Venezuela se encuentran entre sus innumerables víctimas

Una historia tenebrosa

La historia de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) es muy larga y tenebrosa. El carácter de su «filosofía» y el alcance de sus acciones hay que ubicarlos en el mapa político global en general y de América Latina en particular.

Sus orígenes se encuentran en el Plan Marshall y la Alianza para el Progreso que Estados Unidos impulsó en 1948 y en 1961, respectivamente, para enfrentar el nuevo mapa político resultante de la II Guerra Mundial y del triunfo de la revolución cubana.

El Plan Marshall fue lanzado en 1947 por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, George Marshall, teóricamente para la reconstrucción de Europa después de la II Guerra Mundial, sin embargo, es evidente que el Plan, que canalizó cerca de 15 mil millones de dólares en esa dirección, representaba una expresión de la disputa por la hegemonía con el bloque socialista de la Europa del Este y un instrumento de contención ante el peligro de expansión de las ideas comunistas en el resto de Europa occidental.

En cambio, la Alianza para el Progreso -formalmente creada el 13 de marzo de 1961 luego de un poco más de un año de preparación a cargo de muchos funcionarios estadounidenses que participaron de la concepción del Plan Marshall-, fue pensada por el Departamento de Estado y el presidente John Kennedy para promover una «Alianza de las dos Américas» que desarrolle las fuerzas de la democracia made in usa e impida que el triunfo de la revolución cubana, el 1 de enero de 1959, se extendiera a otros países del continente.

La Alianza para el Progreso fracasó muy rápidamente por dos razones: por un lado, porque los 20.000 millones de dólares comprometidos por los Estados Unidos dependían de condiciones que la mayor parte de los países latinoamericanos y caribeños no tenían posibilidades de cumplir y, por otro lado, porque la llamada «Revolución pacífica y democrática» que se iba a consolidar en el continente fracasó tempranamente por la aplastante derrota de la invasión mercenaria en Playa Girón, Cuba, en abril de 1961 -la primera derrota militar imperialista en América Latina- y por la invasión estadounidense a República Dominicana en 1965.

Pero antes de que la Alianza para el Progreso fuera cancelada, en noviembre de 1961 se fundó una de sus agencias a través de la cual, si bien tenía como radio de acción otros países del mundo, iba a desempeñar un papel protagónico en América Latina. Estamos hablando de USAID.

Desde un principio, la Política de Asistencia al Exterior de los Estados Unidos para el mundo fue desarrollada a través de dos pilares fundamentales: la asistencia técnica y económica por un lado y los programas de Asistencia Político-Militar por otro lado. América Latina no era la excepción, lo cual se tradujo en la llamada «Doctrina de la Seguridad Nacional», cuya base conceptual expresaba la Doctrina Monroe que en 1823 partía de la firme convicción de «América para los Americanos».

En el caso de América Latina es evidente que la política exterior de los Estados Unidos tomaría cuerpo en la conformación del Sistema Interamericano: el Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) y la Organización de Estados Americanos (1948) que, como demostraría la historia hasta el siglo XXI, solo ha servido para legitimar las intervenciones militares estadounidenses (directas e indirectas), sus democracias restringidas y sus propósitos de anexión e intercambio comercial unilateral como el ALCA.

Un concepto de subversión maquiavélico

Las líneas de separación entre los programas de «asistencia para el desarrollo» y de «asistencia militar» se han ido volviendo cada vez más difusas. El hecho de que ambas hayan tenido desde el principio el objetivo de evitar la expansión de las ideas revolucionarias -llámese «contención» (doctrina Johnson) o «Reversión (Reagan)-, las ha ido complementando y articulando alrededor de la concepción de la subversión.

El concepto de subversión desde la perspectiva de los teóricos estadounidenses implica la puesta en marcha de medidas y mecanismos «no militares» para la consecución de «objetivos militares», tales como abrir letrinas, construir puentes, prestar servicios odontológicos y de salud en general y desarrollar otros programas sociales. ¿Qué de subversivo pueden tener esas acciones? En la realidad aparente nada, pero como señalara bien el General Summers se trata de «conquistar el corazón y la mente de las gentes» para dejar sin base social a las fuerzas anti-sistémicas. Más claro agua.

Entonces, entre los programas sociales y las asistencias militares está el espacio, generalmente invisible, para el posicionamiento discursivo de ideas anti-revolucionarias y para la puesta en marcha de mecanismos de recolección primaria de información con fines de inteligencia. Ambas se llevan adelante por USAID desde su fundación.

Las líneas de separación entre los programas de “asistencia para el desarrollo” y de “asistencia militar” se han ido volviendo cada vez más difusas. El hecho de que ambas hayan tenido desde el principio el objetivo de evitar la expansión de las ideas revolucionarias, llámese contención (doctrina Johnson) o Reversión (Reagan), las ha ido complementando y articulando alrededor de la concepción de la subversión.

La USAID cuenta con una sede en Washington-DC, y con “oficinas de campo” que dan cuenta de su presencia en todo el mundo.

Alberga un largo historial que ilustra toda la falsedad de sus pretensiones "humanitarias", conyugando en toda América Latina sus acciones con el resto de la red imperial de injerencia.

Decenas de sus agentes se mueven en la sombra de las organizaciones de derecha, inventadas según las circunstancias, y opera directamente, o a través de la National Endowment for Democracy (NED), el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Democrático Nacional (NDI), la propia Freedom House, y unas cuantas fachadas más, siempre bajo las orientaciones de la CIA.

Tanto los programas bilaterales como los unilaterales (que son los más) también se llevan adelante “condicionadamente” mediante las llamadas “contratistas” como la Development Alternatives Inc (DAI), una corporación estadounidense que brinda asistencia técnica a muchas instancias de los Estados latinoamericanos en temas de gestión. La DAI, como ha quedado demostrado con la detención en el año 2009 de Alan Gross en Cuba, es una de las fachadas que utiliza la CIA para llevar adelante sus operaciones secretas.

La USAID Mantiene relaciones de trabajo con más de 3.500 compañías privadas norteamericanas especializadas en la busca y procesamiento de la información.

Objetivo principal de la USAID: destruir la Revolución cubana

La llamada Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) denunciada por ser una fachada más del aparato de inteligencia de Estados Unidos,trata de negar el acceso a documentos relacionados a sus operaciones en Cuba, por ser «secretos».

Con su cinismo característico la USAID se ha negado sucesivamente a revelar detalles fundamentales de las actividades injerencistas de sus agentes como Freedom House en Cuba, aunque ya nadie duda de su carácter subversivo.

Veamos algunas de sus acciones de supuesta “asistencia humanitaria” en nuestro país:

En 1971, la CIA organizó un intento de asesinato contra el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, aprovechando un viaje del líder cubano a Chile. Encargó con este proyecto criminal a un viejo socio, Antonio Veciana, terrorista de Alpha-66, cómplice del complot contra John F. Kennedy. Al momento del encargo, Venciana trabajaba en la Embajada de Estados Unidos en Bolivia, donde se encontraba como funcionario de la USAID.

A lo largo de los últimos 25 años el denominado “Programa Cuba” de la USAID ha sido uno de los pilares de la subversión anticubana y financista principal de la contrarrevolución y la nueva estrategia sediciosa de estos tiempos, con una asignación total que sobrepasa ya los 300 millones USD.

Este programa sedicioso emergió con fuerza a lo largo del país entre los años 1998 y 1999 con asignaciones mayores a los seis millones USD. Cuba denunció ante el mundo la ejecución de más de 325 operaciones ilegales de abastecimiento de dinero en efectivo a los grupos mercenarios, así como una variedad de recursos técnicos en medios de impresión digital, cómputo y telecomunicaciones, equipos de fax y videos, alimentos y literatura contrarrevolucionaria, lo que expresaba una poderosa ofensiva dirigida a tratar de elevar el nivel de las acciones contrarrevolucionarias al interior del país. 

Distintas voces de intelectuales y analistas políticos coinciden en que la USAID emergió en esos años como el principal financiero para la “desestabilización” de cualquier nación ambicionada por los intereses yanquis.

Una nueva estructura interna de la USAID

Una nueva estructura interna de la USAID en el año 2000, como agencia del Departamento de Estado yanqui, reorganizó nuevas oficinas de trabajo, como “Democracia y Gobernabilidad”, “Conflictos”, “Iniciativas hacia una transición”, que potenciaron su capacidad operacional y brindó nuevas posibilidades a la CIA para sus acciones encubiertas, acorde a todo un gigantesco movimiento expansivo del imperio contra la izquierda y los movimientos populares en el mundo.

En el año 2000 se produjeron visitas privadas de altos funcionarios estadounidenses como David Mutchler, entonces principal asesor para Cuba de la USAID y John Brademas, alto funcionario de la National Endowment for Democracy (NED). Sus visitas evaluaban el terreno operativo y coordinaban con los principales cabecillas contrarrevolucionarios y el amplio dispositivo de apoyo de la Sección de Intereses Norteamericanos (SINA) y su estación local de la CIA en la Habana.

Semejante injerencia sería denunciada por nuestras autoridades en los actos masivos y mesas redondas de la TV cubana.

Entre 2001 y 2002 viajaron a Cuba un grupo de emisarios de ONGs y otras organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami muy comprometidas tradicionalmente con el imperio. La mayoría ingresó como falsos turistas para “abastecer materialmente” · a los grupúsculos internos. Solo en 2001, se produjeron en el terreno más de 200 entregas personales de dinero a cabecillas contrarrevolucionarias, calculadas en más de 100 000 dólares.

Desde 2001 tuvieron presencia en algunas ciudades cubanas nuevos actos provocativos de grupos mercenarios de una naturaleza muy peculiar, identificados como activistas de «lucha no violenta», instigados por algunos grupúsculos que contaban con la anuencia y el apoyo de funcionarios de la SINA.

Más dinero de la USAID para los grupúsculos

Entre los años fiscales 2001 y 2006, la USAID asignó contra Cuba 61 millones de USD a unos 142 proyectos y actividades. Estos cuantiosos fondos continuaban sufragando la “quinta columna” contrarrevolucionaria interna.

Así, el 14 de mayo del 2004, José «Pepe» Cárdenas, cabecilla cubanoamericano entonces jefe para América Latina de la USAID, expuso en una asamblea convocada en Washington, cómo distribuiría los 45 millones de dólares asignados a la subversión en Cuba a través de lo que llamo «instituciones experimentadas». Dijo que iba a promover el envío clandestino de material electrónico a la Isla a través de intermediarios europeos y latinoamericanos que realizarían operaciones que no se puede legalmente desarrollar; que favorecería los viajes de agentes en el país, usando las llamadas licencias humanitarias para realizar «evaluaciones en el terreno».

Entre otros grupos que se han beneficiado del dinero estadounidense se cuenta la agencia Cuba Net, que promueve el periodismo anticubano y que ha recibido más de 800 mil dólares para ese propósito, así como Freedom House, grupo de “derechos humanos” radicado en Nueva York, y que ha recibido entre otras donaciones un millón 300 mil dólares para publicar alrededor de 40 mil libros, panfletos y otros materiales sobre Cuba.

El dinero de la USAID brindó cobertura a los grupúsculos para provocaciones ilegales de un abierto desafío a la Revolución e incitar al desorden público, atraer a la prensa extranjera y mostrar aquel teatro como un show mediático en vivo para los medios internacionales, en especial La Florida, que se encargaría de amplificarlo y manipularlo.

No eran acciones espontáneas. Habían sido inspiradas y cuidadosamente organizadas por la mafia de Miami, asesoradas por Gene Sharp, director del Albert Einstein Institute, los que brindaron entrenamiento a cabecillas contrarrevolucionarios en esa ciudad.

Más tarde se introdujeron subrepticiamente en Cuba los libros de Sharp, enmascarados como publicaciones de carácter deportivo y religioso, las que se utilizaron como material de estudio en las denominadas “clases de desobediencia civil”, entre algunos grupos mercenarios. Eran los primeros atisbos en Latinoamérica de nuevas concepciones de guerra no convencional, al intentar reeditar en las calles algunos de los 198 métodos de “protesta y persuasión” declarados en la doctrina del centro norteamericano Albert Einstein Institute, que poco después se repetirían en actos turbulentos en ciudades como Ucrania y Georgia y más tarde durante la denominada “Primavera Árabe”.

La USAID organizó la entrada ilegal a Cuba de miles de radios portátiles de onda corta para alentar la audición de la mal llamada Radio Martí. Solo en el año 2005, la SINA reconoció públicamente haber distribuido internamente 4900 de estos pequeños receptores, decenas de equipos de video, medios computarizados, miles de discos compactos, más de 100 mil libros y un millón de panfletos y literatura de carácter contrarrevolucionaria, recibidos en su valija diplomática.

 

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