En defensa de la legalidad

Hito de la unidad por la independencia

Miércoles, 16 de Septiembre del 2020

Por: Claudia Lis Carpio Moya y Alejandro García García

La Constitución de Jimaguayú, fue la tercera de las cuatro constituciones refrendadas por los cubanos durante el periodo de contienda del siglo XIX, esta sin lugar a dudas marcó un verdadero hito en la historia del país, al mismo tiempo que fue un ejemplo de la persistente voluntad civilista y de legalidad del movimiento revolucionario independentista cubano.

En Jimaguayú fue aprobada la tercera de las denominadas Constituciones Mambisas, antecedida por la de Guáimaro, la que se firmara el 10 de abril de 1869, que nombró a Carlos Manuel de Céspedes como nuestro primer presidente, y la de Baraguá, refrendada en marzo de 1878, poco después de la protesta que llevó a cabo Antonio Maceo. A la creación de este texto magno faltó la figura de José Martí, quien murió en la acción de Dos Ríos el 19 de mayo de 1895, aunque sus ideas estuvieron presentes en los preceptos aprobados.

Esta Ley Primera fue gestada en Asamblea Constituyente que comenzó el 13 de septiembre de 1895, El Generalísimo Máximo Gómez escogió a Jimaguayú, en la provincia de Camagüey dado el significado histórico del lugar, donde en 1873 cayó en combate el Mayor General Ignacio Agramonte durante la Guerra de los Diez Años. Durante los días del 13 al 16 de septiembre de 1895, los cubanos en armas en representación de las diferentes regiones, deliberan las propuestas presentadas para dotar a Cuba de un documento jurídico nuevo que permitiría enfrentar la gesta libertadora en marcha y esencialmente erradicar las contradicciones entre civiles y militares, divisiones que no eliminó la Carta Magna de Guáimaro en 1869. La nueva carta fue el instrumento para dotar a la revolución de 1895 de una estructura organizativa nueva que facilitara la consecución de los objetivos trazados bajo el signo de la unidad.

La Carta Magna de Jimaguayú constó de 24 artículos, y este nuevo texto logró los intereses de los 20 delegados elegidos en representación de los diferentes Cuerpos de Ejército existentes en el campo insurrecto, dejándole al Ejército las manos más libres para poder conducir militarmente la guerra, aunque en la práctica no todas las contradicciones entre civiles y militares quedaron resueltas.

La Constitución de Jimaguayú regiría en Cuba durante dos años, si no se ganaba la guerra, y estableció un gobierno centralizado que unía en un sólo organismo los poderes legislativo y ejecutivo, lo cual hacía más viable y objetiva la organización republicana de las fuerzas revolucionarias.

El Consejo de Gobierno fue encabezado por un presidente, Salvador Cisneros Betancourt, y dictó las disposiciones relativas a la vida civil y política de la Revolución, y solo intervendría en la dirección de las operaciones militares cuando fuera absolutamente necesario a los fines políticos. El 16 de septiembre del 95 el camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt y el manzanillero Bartolomé Masó ocuparon los cargos de Presidente y Vicepresidente de la República en Armas. Carlos Roloff, Severo Pina Estrada, Santiago García Cañizares y Rafael Portuondo Tamayo, fueron designados al frente de las secretarías y Antonio Maceo, Lugarteniente General.

El Consejo de Gobierno realizó una extensa obra legislativa para establecer el poder revolucionario y regular la vida civil y los servicios públicos del territorio liberado, e incluyó la representación internacional del gobierno en armas, al tiempo que logró el reconocimiento de otros países.

A pesar de las limitaciones que pudo tener la Constitución de Jimaguayú fue un hito en la unidad de los mambises que lograron consolidar la Guerra Necesaria, derrotar al colonialismo español y abrir la etapa decisiva por nuestra segunda independencia.

 

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