En defensa de la legalidad

Una enajenada ciencia ficción o desvergüenza al por mayor

Miércoles, 12 de Septiembre del 2018

Por Miguel Angel García Alzugaray

Que el mandatario norteamericano Donald Trump y sus acólitos del Departamento de Estado poseen una proverbial capacidad para inventar los más disparatados embustes no es cuestionado por nadie que se respete en este mundo. Pero parece que ahora la administración del oligarca presidente desea eclipsar la fama de los más destacados escritores de ciencia ficción como Julio Verne, H.G.Wells e Isaac Asimov en eso de imaginar fantásticos relatos donde Cuba utiliza sofisticadas armas ultrasecretas contra sus “pobres” agentes diplomáticos.

Claro, hay una gran diferencia. Los precitados autores han escrito valiosas obras que enaltecen la literatura universal de anticipación, mientras que las descabelladas especulaciones de la Casa Blanca no pasan de ser burdas mentiras. Si lo duda, juzgue por usted mismo al leer estas informaciones:

Según reportó Sputnik, Estados Unidos seguirá investigando las causas y los autores de los supuestos ataques sónicos registrados en Cuba contra su personal diplomático, dijeron funcionarios en una audiencia en el Congreso del país norteamericano.

“El interés del Congreso es clave en nuestro trabajo para identificar y entender el mecanismo de la causa de las lesiones (sufridas por 26 funcionarios), el motivo detrás de estos ataques y la identidad de los autores”, afirmaron Kenneth Merten, subsecretario adjunto interino para Asuntos del Hemisferio Occidental, y el coordinador del Equipo de Trabajo de Respuesta a Incidentes de Salud, Peter Bodde, en un comunicado conjunto, tras su testimonio ante el subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes.

Además de ellos, también declararon Todd Brown, Director Adjunto para Contramedidas de la Oficina de Seguridad Diplomática, y por la Oficina de Responsabilidad en el Gobierno (GAO) figura el Director Interino para Asuntos Internacionales y de Comercio. Brian M. Mazanec.

El Subcomité estuvo presidido por el republicano de California, Paul Cook. Dos legisladores cubanoamericanos lo integran: Albio Sires, demócrata por Nueva Jersey, quien es el miembro de más alto rango de su partido en el panel; y nada menos que la reaccionaria congresista anticubana Ileana Ros-Lehtinen, republicana por Florida.

En septiembre del año pasado, Estados Unidos retiró de su embajada en Cuba a la mayoría de su personal diplomático tras afirmar que los funcionarios reportaron síntomas que habrían sido resultado de ataques sónicos, de los que el Gobierno de la isla niega su responsabilidad.

Reportes de prensa señalaron que algunos de los diplomáticos sufrieron pérdida auditiva permanente y posibles daños cerebrales debido al ataque con una misteriosa arma sónica.

Sin embargo expertos de Alemania, Reino Unido y EE.UU. han reiterado sus dudas sobre la posibilidad de lesiones cerebrales de diplomáticos en Cuba

“No hay nada igual en la literatura médica tradicional, son una constelación de síntomas únicos sin una causa obvia”, expresó el doctor Charles Rosenfarb, director de la Oficina de Servicios Médicos del Departamento de Estado.

Otra enajenada teoría

Cuando parecía que en este asunto la calenturienta imaginación de los pinochos de la Casa Blanca estaba agotada, de repente, como sacado de un sombrero mágico, los miembros de JASON, un grupo hermético de científicos de élite, que al parecer ayuda al gobierno estadounidense a evaluar nuevas amenazas para la seguridad nacional, dijo que ha estado analizando el misterio que afectó al cuerpo diplomático y que entre las posibles explicaciones evalúa las microondas.

Consultado sobre esta enajenada teoría, el Departamento de Estado mencionó que la investigación aún no identifica la causa o la fuente de los ataques. El FBI se negó a hacer comentarios sobre el estado de la investigación o las teorías.

Al respecto es interesante destacar que el equipo médico que examinó a los diplomáticos supuestamente afectados en la Isla no mencionó la palabra microondas en el detallado informe que se publicó en el Journal of the American Medical Association (JAMA), en marzo.

Sin embargo, Douglas Smith, autor principal del estudio y director del Centro para Lesiones Cerebrales y Rehabilitación de la Universidad de Pensilvania, comentó en una entrevista reciente que ahora se considera a las microondas como las principales sospechosas, y que el equipo está cada vez más seguro de que los diplomáticos sufrieron lesiones cerebrales.

El gobierno cubano calificó como “sin fundamentos” una nueva teoría que atribuye los llamados ataques sónicos a diplomáticos estadounidenses al uso de algún tipo de microondas.

El 3 de septiembre, el director general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, refutó las acusaciones de Washington, en una entrevista con el periódico Granma.

“Ninguna teoría sin fundamentos resistirá por mucho tiempo el escrutinio público y científico”, sostuvo Fernández de Cossío, al referirse a una publicación reciente del diario The New York Times sobre los supuestos incidentes contra diplomáticos norteamericanos en La Habana.

El diplomático cubano, sostuvo que “Nno ha existido ni ataque ni acto deliberado contra ninguno de sus diplomáticos y el Departamento de Estado lo sabe. El uso del término “ataque” entraña una manipulación política deliberada que cumple con una agenda predeterminada y perjudica a ambos países”, subrayó.

Recientemente el diario The New York Times publicó un artículo en el que cita una versión sobre los incidentes, atribuida a posibles afectaciones provocadas por microondas, aunque no presenta evidencias concluyentes y afirma es una teoría más sobre el complejo incidente.

“Ni siquiera esta teoría respalda la multiplicidad y diversidad de síntomas que según el Departamento de Estado han sufrido los supuestos afectados y a medida que pasa el tiempo, los hace perder más veracidad”, dijo Fernández de Cossío.

Añadió que “al igual que ha ocurrido con todas las teorías que se han ido manejando durante casi un año y la especulación sin fundamentos sobre estos temas, es extremadamente frágil lo que se sustenta en esta ocasión”.

El diplomático cubano precisó que tanto la hipótesis de ataques sónicos, el ataque viral y una contusión cerebral, no han resistido el análisis de la comunidad científica y de la investigación policial.

“Lo que sí se ha demostrado es lo que científicos de Cuba, Estados Unidos y otros países sostienen y que el Gobierno de la Isla está diciendo desde el principio, es que es falsa la existencia de ataques y eso lo sabe perfectamente el Gobierno norteamericano, porque ha tenido múltiples maneras de comprobarlo”, señaló Fernández de Cossío.

Recordó que en ningún momento se ha permitido el acceso a las historias clínicas de los supuestos afectados ni se hecho referencia a padecimientos anteriores que pudieron haber tenido, ni se han examinado las prácticas comunes de esas personas, que quizá podrían explicar en cierta medida los síntomas que según el Departamento de Estado se han reportado.

El diplomático llamó la atención sobre el contexto en el que se retoma la teoría sobre las microondas, cuando existe una gran discusión sobre la rigurosidad científica del artículo publicado por la revista de la Asociación Médica Estadounidense, sobre este tema, el cual valida los “ataques”, pero no ofrece conclusiones precisas.

Ahora bien, muchos lectores se pueden preguntar ¿qué necesidad tienen los personeros de Washington en recurrir de nuevo a estas increíbles argucias para justificar sus agresiones contra Cuba?

En correspondencia con la filosofía de las llamadas “guerras de cuarta generación” que requieren de la combinación de estrategias en las que el control de los medios de comunicación, las redes informáticas tanto físicas: fibra óptica, cables, computadores y dispositivos electrónicos para el tráfico y generación de información, como las redes sociales, a fin de asegurar la difusión de noticias falsas y tendenciosas que perjudiquen al enemigo, parecería que estamos en presencia de un caso de esta naturaleza.

Nada de extraño habría en ello, pues en la historia de los Estados Unidos, los casos de autoagresión para lograr oscuros fines políticos constituyen una práctica reiterada.

Una cortina de humo

No obstante, sin negar la validez de esta explicación, en opinión de algunos especialistas otra de las razones puede ser que la administración de Donal Trump necesita con urgencia desviar la atención de la opinión pública de los reiterados escándalos que sacuden en estos momentos al inquilino de la Casa Blanca y de la caída en picada de su maltrecha popularidad. Analizaremos por ello este aspecto.

La mayoría del público estadounidense se ha vuelto en contra de Trump

A dos meses de los sufragios legislativos en EE.UU., casi la mitad de los ciudadanos apuesta porque el Congreso aplique un impeachment contra Trump.

Un 60 por ciento de los estadounidenses no apoyan la gestión de su presidente, Donald Trump, envuelto en la peor crisis de popularidad desde que asumió el cargo en enero de 2017.

En un sondeo divulgado el viernes, realizado por los medios locales The Washington Post y ABC News, solo un 36 por ciento aprueba su desempeño y casi la mitad respalda un juicio político en su contra.

La encuesta, aplicada a 1.003 adultos entre el 26 y el 29 de agosto, coincidió con la semana en que el ex jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, fue declarado culpable de fraude fiscal y bancario.

El 49 por ciento de los interrogados considera que el Congreso debería comenzar un proceso de impugnación que podría llevar a Trump a ser destituido.

A dos meses de las elecciones legislativas para renovar el Congreso, el mandatario solo tiene buena imagen entre los integrantes del gobernante Partido Republicano (78 por ciento). Los demócratas (93 por ciento) y los independientes (59 por ciento) rechazan su labor.

El sondeo también revela que la mayoría de los estadounidenses apoyan la investigación del Fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016 y opinan que el mandatario no debe despedir al Fiscal General Jeff Sessions.

En este sentido, una estrecha mayoría, 53 por ciento, dice que cree que Trump ha tratado de interferir con la investigación de Mueller de una manera que equivaldría al delito de obstrucción de la justicia; tan sólo el 35 por ciento dice que no cree que el presidente haya intentado interferir.

Como resultado de lo expuesto, los votantes registrados de Estados Unidos favorecen en proporción de 52 por ciento a 38 por ciento, un margen de 14 puntos porcentuales, a los candidatos demócratas sobre los republicanos.
Se trata de un aumento significativo en relación con la ventaja de sólo cuatro puntos porcentuales que mantenían los demócratas en abril e incluso mayor a los 12 puntos porcentuales que tenían en enero pasado. Actualmente los republicanos controlan tanto la Cámara de Representantes como el Senado.

Los demócratas requieren al menos 23 escaños netos en la Cámara de Representantes para arrebatar el control a los republicanos. La encuesta apuntó que los demócratas están en su mejor posición del presente año para recuperar la Cámara Baja.

El sondeo dijo que ocho de cada 10 electores que desaprueban la gestión de Donald Trump se inclinan ahora a votar por los demócratas. Una proporción similar de los votantes que aprueban la gestión presidencial, apoyan a los candidatos republicanos.

“Debido a la impopularidad actual de Trump, esto pone a los republicanos en una clara desventaja hacia las elecciones de noviembre”, estimó “The Washington Post”.

Dos publicaciones demoledoras

Esta situación se agrava sin duda por la doble afrenta sufrida por el oligarca presidente con la publicación, en un intervalo de 24 horas, de una columna de opinión en el The New York Times y los extractos de un libro también devastador del célebre periodista Bob Woodward, uno de los reporteros que destapó el caso Watergate que precipitó la caída de Richard Nixon.

Los dos textos lo describen como un hombre incapaz de entender los retos de la presidencia y contenido por sus colaboradores para evitar un desastre.

En el referido libro, Bob Woodward muestra al actual presidente de Estados Unidos como un hombre inculto, colérico y paranoico, al que sus funcionarios le esconden información para evitar que tome decisiones equivocadas.

El periodista de investigación Bob Woodward es reconocido por haber revelado, en compañía de Carl Bernstein, el escándalo del Watergate que llevó a que Richard Nixon dimitiera de su cargo como presidente de los Estados Unidos.

Sus nombres empezaron a sonar a finales de agosto, cuando Donald Trump atacó en un tuit a Bernstein. “¡Nos estamos divirtiendo en todo el país por el desatendido Carl Bernstein, un hombre que vive en el pasado y piensa como un anciano degenerado, inventando historia tras historia! Noticias Falsas”, escribió.

El diario The Washington Post obtuvo una copia de la obra escrita. En esta, Woodward describe el perfil de Trump como un mandatario inculto, colérico y paranoico, que sus secretarios y colaboradores se esfuerzan en controlar para evitar sus salidas de tono.

En las páginas del texto, por ejemplo, el secretario general de la Casa Blanca, John Kelly, describe al presidente septuagenario como un “idiota”, y dice que es “inútil tratar de convencerlo de algo”.

El nombre del libro, según cuenta el diario estadounidense, se deriva de una observación que realizó Trump cuando era candidato a la presidencia en una entrevista Woodward y Robert Costa en 2016: “El poder real es, ni siquiera quiero usar la palabra, ‘Miedo‘”.

Y nombra varias situaciones particulares que, según el autor, se han vivido al interior de las cuatro paredes de la residencia oficial del primer mandatario.

Por ejemplo, el 19 de enero, en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional sobre la presencia militar en la península de Corea (que incluía una operación de inteligencia especial que permite a Estados Unidos detectar un lanzamiento de misiles norcoreanos en siete segundos), Trump discutió por qué el gobierno estaba gastando recursos en esa región. “Estamos haciendo esto para prevenir la Tercera Guerra Mundial”, respondió el secretario de Defensa Jim Mattis, según el libro.

Al terminar la junta, Mattis dijo exasperado a su círculo cercano que el presidente se comportó como un “alumno de quinto o sexto grado” (de 10 a 11 años de edad).

Como si esto fuera poco, un alto cargo de la Casa Blanca ha publicado una carta anónima en The New York Times titulada: “Soy parte de la resistencia en la Administración Trump”. En el texto relata cómo un grupo de funcionarios trabaja dentro de la Casa Blanca para frenar los impulsos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

“Creemos que es nuestro primer deber hacia este país, y el presidente sigue actuando de una manera perjudicial para la salud de nuestra república”, afirma en la polémica carta. “Los americanos deben saber que hay personas adultas en la habitación”, añade la misiva.

Al poco tiempo de publicarse el documento, Trump cargó en las redes sociales contra el autor del artículo. “TRAICIÓN”, escribió el presidente en Twitter, donde tiene más de 54,2 millones de seguidores. “Es una desgracia”, indicó.

The New York Times, máximo representante de los periódicos del ala liberal de Estados Unidos, advierte en el texto de que publicar una tribuna sin firmar es una circunstancia excepcional, pero lo justifica por la relevancia de la información. También argumenta que los editores del periódico sí que conocen a la fuente anónima e invita a los lectores a hacer preguntas sobre el proceso.

La decisión del influyente diario se produjo después de una cascada de ataques de Donald Trump, en Twitter, tras la publicación de un adelanto del libro, Fear (Miedo, en inglés), del prestigioso periodista del Watergate Bob Woodward, que vuelve a relatar el caos de la Casa Blanca.

“Así que el fracasado New York Times tiene una tribuna anónima, ¿Pueden creerlo? Anónima. Lo que quiere decir cobarde. Una tribuna cobarde”, afirmó Trump durante una reunión en la Casa Blanca.

“Diría que (el secretario de Justicia) Jeff (Sessions) debería estar investigando quién fue el autor de ese artículo porque realmente creo que es (un tema) de seguridad nacional”, dijo el viernes Trump a periodistas durante un viaje en el avión presidencial Air Force One, de Montana a Dakota del Norte.

The New York Times reaccionó afirmando que una investigación de ese tipo constituirá “un abuso de poder” y estimó que “las amenazas del presidente” demuestran la importancia de una prensa libre e independiente para la salud de la democracia estadounidense.

Lo cierto es que la crisis en la que se hunde la Casa Blanca preocupa a los republicanos en su carrera hacia las elecciones parlamentarias de noviembre, en las que temen perder la mayoría en el Congreso.

Consciente de lo que está en juego, Trump está multiplicando sus medidas de campaña, incluso pese a que su presencia en la primera línea de batalla puede ser un arma de doble filo.

En esta lucha desesperada para mantenerse a flote en medio de la pestilente inmundicia que caracteriza a la politiquería norteamericana, cualquier maniobra que distraiga la atención del electorado, no importa cuan sucia y vil esta sea como los descabellados infundios contra nuestro país, son consideradas válidas por el mandatario yanqui.

Producto de ello, se puede afirmar que las infundadas acusaciones del gobierno norteamericano de supuestos ataques contra sus diplomáticos en Cuba   no son fruto de la delirante ciencia ficción de un desquiciado mental, sino de la acostumbrada desvergüenza al por mayor que caracteriza a la Casa Blanca en todo lo que se refiere a nuestra Patria.

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Actualizado el Martes, 18 de Diciembre de 2018

Año 60 de la Revolución