En una pequeña sala del hospital Saturnino Lora, en Santiago de Cuba, y custodiado por soldados con bayonetas, el 16 de octubre de 1953 Fidel Castro se convierte de acusado en acusador, al pronunciar su autodefensa durante el juicio por los sucesos del Moncada.
El joven revolucionario expone que él y sus compañeros no pretendían un simple cambio de Gobierno, sino transformaciones sustanciales en favor del pueblo, y denuncia los crímenes cometidos por el batistato con los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
En el alegato, conocido más tarde como La Historia me absolverá, Fidel señala lo que considera los males de la Cuba de entonces, resumidos en seis problemas fundamentales: El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud.
«En este juicio se está debatiendo algo más que la simple libertad de un individuo; se discute sobre cuestiones fundamentales de principios, se juzga sobre el derecho de los hombres a ser libres, se debate sobre las bases mismas de nuestra existencia como nación civilizada y democrática». Es el joven abogado Fidel Castro, el 16 de octubre de 1953. Improvisa su alegato de defensa del Moncada, fuera de la Sala del Pleno de la Audiencia de Oriente, donde había comenzado el juicio el 21 de septiembre, y del cual se le separó dos días después, arbitrariamente.
Ahora está a punto de cerrarse la Causa 37 y expone ante el Tribunal la autodefensa del Moncada: «Como resultado de tantas maquinaciones turbias e ilegales, por voluntad de los que mandan y debilidad de los que juzgan, heme aquí en este cuartico del Hospital Civil, adonde se me ha traído para ser juzgado en sigilo, de modo que no se oiga, que mi voz se apague y nadie se entere de las cosas que voy a decir».
Mucho dijo ya en la amplia Sala del Pleno del Palacio. Tanto que el régimen ordenó al Tribunal separarlo de sus compañeros y terminar el juicio a él, en el saloncito de estudios de las enfermeras del Hospital Civil.
Fue ese día 16 de octubre de 1953 cuando Fidel proclamó, enfáticamente, lo que estaba escrito en el programa del Moncada: la propiedad inembargable e intransferible de la tierra a todos los colonos y subcolonos, arrendatarios, aparceros y precaristas que ocupasen parcelas de cinco o menos caballerías de tierra, indemnizando el Estado a sus anteriores propietarios… entre las leyes que proclamaba el programa del Moncada, divulgado por él en el histórico alegato, también ordenaba la confiscación de todos los bienes de todos los malversadores de todos los gobiernos y a sus causahabientes y herederos… también declaraba que «la política cubana en América sería de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos del continente…».
Tomado de:ACN y Granma



